El tránsito de Tres Arroyos se presenta cada vez más problemático. Según fuentes de la Dirección de Inspección General, se estima que en el casco urbano tresarroyense hay un promedio de ocho choques diarios. Ernesto Dassis –autor de un Manual de Educación Vial- y Claudio Cuesta –titular de la citada área municipal-, analizan esta problemática y opinan sobre sus principales características.
En la Argentina, conducir es caótico y Tres Arroyos no es la excepción. La gente desconoce las reglas o las pasa por alto. Tanto Dassis como Cuesta, coincidieron en señalar que el tráfico tresarroyense, es similar al de otros tantos conglomerados urbanos del resto del país, pero agravado por un factor clave y esencial: el volumen del parque automotor local. Tal como se menciona en otra nota de esta presente edición de Semana 3A (ver http://semana3a.blogspot.com/2007/09/una-solucin-para-muchos.html), Tres Arroyos posee el parque automotor con mayor densidad de coches por habitante de todo el territorio bonaerense.
No sólo la gran cantidad de coches complica el tráfico. En la localidad, muchos conductores desconocen las reglas o, simplemente, las desobedecen.
Sobre esta cuestión, Dassis indicó que “las faltas más comunes son ir despacio por el carril izquierdo en las avenidas y pasar los semáforos en rojo, sobre todo en la noche”, al tiempo en que observó que “son muy pocos quienes respetan la prioridad de paso, simplemente ponen la punta del auto y pasan”.
Por otro lado, señaló que mucha gente gira a la izquierda en las avenidas, sin saber que a partir del 18 de enero pasado, no se puede doblar en esa dirección en ninguna de las calles que las cruzan, aún en las bifurcaciones que no poseen semáforo. Pero, “se comete estas infracciones por ignorancia”.
Similar situación se da en cuanto a la norma de “prioridad alternativa“, la cual señala que si un grupo de autos llega a un cruce de calles y se intercepta con otro conjunto de coches, el primero de la derecha tiene prioridad. Sin embargo, quien esté detrás de él debe detenerse y cederle el paso al primero de la izquierda. Luego, la ley señala que debe cederse el paso a otro de la derecha, repitiendo así la misma operación.
Por su parte, Cuesta indicó que otra falta grave es “no llevar la documentación correspondiente en los vehículos”, mientras que muchos usuarios “exceden la velocidad, tanto en calles como en avenidas”.
Precisamente sobre los topes permitidos, el funcionario municipal remarcó que “la velocidad máxima en los cruces donde no hay semáforos es de 30 km/h, sea en calles o avenidas”, parámetro que prácticamente nadie respeta. Además, ambos idóneos consultados por este medio coincidieron en que los semáforos no se respetan y que, por esto, resulta apropiada la construcción de rotondas.
Para reducir la velocidad en las arterias y calles de la red vial de la ciudad es que se han instalado diversas mesetas reductoras de velocidad en las avenidas, medida complementada con la referida construcción de rotondas en varias intersecciones. A este respecto, Cuesta explicó que “es la única manera que encontramos para que los conductores frenen”.
Más allá de lo anterior, Dassis destacó que “un regulador de velocidad en una avenida, es un arma de doble filo”, ya que “está limitando la velocidad no sólo a los conductores comunes, sino también a quienes conducen ambulancias, móviles policiales o de bomberos”.
Si bien tanto en el ámbito del CRESTA como en la misma Dirección de Inspección General se dictan cursos basados en la problemática del tránsito, ambos consultados acordaron en la necesidad de priorizar la educación en el área. “Se tiene que dictar educación vial es los colegios”, señaló Cuesta, mientras que Dassis concluyó en que “en la Argentina estamos 50 años atrasados con respecto a la educación vial, ya que entre nosotros prácticamente no existe”.
No resulta difícil, entonces, concluir en que la esencia del problema es la actitud de los conductores. Ya sea por una falta de control oficial, por ignorancia o por rebeldía, el ciudadano promedio no cumple las reglas. Es decir, es un problema cultural y constituye todo un desafío arribar a su solución.

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