Este domingo, los argentinos decidirán quién será su presidente por los próximos cuatro años, además de resolver quiénes ocuparán los cargos de diputados, senadores y gobernadores. En igual sentido, en las respectivas localidades a lo largo y ancho del país, los ciudadanos votarán a su próximo intendente.
El futuro gobierno tendrá que consolidar una sólida economía, atraer mayores inversiones y regular el gasto público para enfrentar a la acuciante inflación.
Otra cuenta pendiente es recuperar la confianza que la gente alguna vez tuvo en el tan vapuleado INDEC, entre otros ítems pendientes.
Por su parte, el electo gobernador de la provincia de Buenos Aires deberá buscar, en primera medida, una buena solución a la inseguridad imperante en la provincia, de la que Tres Arroyos no logra escapar.
Este año Argentina cumplirá 24 años de democracia ininterrumpida. Esto constituye todo un logro, ya que la historia nacional cuenta con varios golpes de Estado en su haber, con la consecuente prohibición a la ciudadanía para elegir a sus representantes.
Antes de la reforma constitucional de 1994, las elecciones presidenciales se realizaban cada seis años y el cargo de ejecutivo nacional no podía ser ocupado dos veces por el mismo ciudadano. Sin embargo con la reforma mencionada, las elecciones se efectúan cada cuatro años y el presidente puede optar por intentar lograr su reelección.
En definitiva, el acontecimiento de elegir los propios representantes es realmente trascendental, porque cada candidato se presenta a sí mismo como un modelo de país que, de todas formas, influirá en las vidas de los ciudadanos.
Por lo tanto, es realmente indispensable votar, asumir la responsabilidad de elegir a los administradores del sistema de democrático. Por esto, hay que elegir a los candidatos razonando, para enfrentarse seguros a las urnas y quedar satisfechos con el hecho de haber tomado una decisión importante y de la mejor manera posible.
Cada cuatro años, los argentinos tienen la suerte de poder participar en la elección del rumbo que adquiere su país. Y precisamente la libertad de elegir es un derecho que vale su peso en oro. Por eso, no puede ni debe desperdiciarse.
Enrique De Francesco
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